En el país donde hasta sacar una cita médica parece competir con subir al Cotopaxi sin oxígeno, el Ministerio de Salud vuelve a protagonizar otro episodio de su ya extensa saga de “cosas que no funcionan, pero igual se pagan”.
Esta vez, el sistema de agendamiento —administrado por una empresa chilena que, al parecer, cobra por hacer exactamente lo contrario a lo que se supone— decidió colapsar una vez más. Y como siempre, los ecuatorianos terminaron formando esas tradicionales filas que ya deberían ser Patrimonio Cultural Inmaterial: largas, interminables y llenas de pacientes esperando que …








